
Todos, en algún momento, nos enfrentamos con emociones negativas que surgen cuando no logramos algo que deseamos.
Por eso, saber aceptar la frustración es una de las claves del crecimiento personal, porque las frustraciones, igual que los errores, forman parte del aprendizaje para una vida equilibrada.
La frustración es normal
En la vida, independientemente de lo que hagamos, en algún momento vamos a frustrarnos.Es decir, que no se trata de que yo haga las cosas bien o mal, sino de que la frustración se va a presentar a veces sin lógica. No hace falta que busque y analice qué estaba haciendo mal, sino que, a pesar de querer hacer las cosas bien, puedo frustrarme.En la ilusión de la mayoría de nosotros está la imagen del paraíso, entendido como un lugar o un estado donde uno obtiene todo lo que necesita; dicho en otras palabras, un lugar donde la frustración no existe y podemos satisfacer todos nuestros deseos. Algunos tenemos la fantasía de que, si hacemos las cosas bien, si somos buenos y perfectos, no habrá frustraciones y todo nos saldrá bien.Otras veces, lo que tratamos de hacer es dar a nuestros hijos todo lo mejor, todo aquello que nosotros no tuvimos, para que no tengan que sufrir y frustrarse. O queremos poder controlarlo todo y estamos constantemente sufriendo por si pasa algo. Al final, no nos arriesgamos en nada.
Creemos que la frustración depende únicamente de lo que nosotros hagamos, cuando, en realidad, la vida misma es incontrolable. Es imposible que nos podamos escapar de la frustración. Y nadie puede hacerlo, aunque a veces nos lo parezca. El trabajo de intentar controlar la vida es precisamente lo que nos va a llevar a frustrarnos porque, sencillamente, no lo conseguiremos. Hasta es posible que caigamos en una situación de más exigencia y más esfuerzo para controlar o evitar inútilmente la frustración. Es así como muchas personas que intentan llevar una vida “perfecta” se encuentran que después de “tanto esfuerzo”, las cosas no resultaron para nada como lo habían planificado o como lo habían querido y sienten un gran vacío, una gran frustración, un sinsentido de la vida; sienten que la vida no les pagó bien por todo el esfuerzo realizado.
Pero, entonces, ¿qué podemos hacer? Un camino posible es aprender a aceptar la frustración, es decir, ver que, cuando las cosas no son como yo quiero, tampoco es tan grave. Si me rechazan, por ejemplo, puedo soportar que no les guste o no les caiga bien a todos, y el mundo no se acaba por ello.
Ojo: siempre recordemos que los extremos son negativos; no se trata de asumir un reto o estimular a alguien a enfrentarse a un proyecto a sabiendas de que el mismo va a fracasar, no se trata tampoco de evitar todo lo bueno o feliz que podamos hacerle a una persona.Cada uno tiene una manera diferente de intentar evitar la frustración ante la vida. Así, por ejemplo:
* Algunos no esperan a que les den las cosas, sino que las toman y obtienen así lo que quieren abusando de los demás.
* A otros, cuando les llega la frustración, la disfrazan, dicen que, en realidad, el proyecto que fracasó no es lo que quería o que era muy poco para ella.
* Otros dicen que, como las cosas son tan difíciles, ya no hay nada que hacer y no lo vuelven a intentar, no se arriesgan más y, en ocasiones, quedan eternamente frustrados.
* Otros están tan unidos con los deseos de los demás que no saben lo que desean y, por tanto, no se frustran.
* Y otros que no esperan nada y así tienen menos posibilidades de frustrarse.
Seguramente hay muchas otras maneras de intentar evitar la frustración. Aquí solo se trata de ejemplificar algunas. La verdad es que no podemos controlar lo que nos va a pasar.La propuesta es aprender a aceptar la frustración, dado que lo más común es que no conseguimos lo que queremos en el momento y en la forma que queremos.
Fuente: Adaptado del artículo de la Revista Mente Sana Nº 16
Por eso, saber aceptar la frustración es una de las claves del crecimiento personal, porque las frustraciones, igual que los errores, forman parte del aprendizaje para una vida equilibrada.
La frustración es normal
En la vida, independientemente de lo que hagamos, en algún momento vamos a frustrarnos.Es decir, que no se trata de que yo haga las cosas bien o mal, sino de que la frustración se va a presentar a veces sin lógica. No hace falta que busque y analice qué estaba haciendo mal, sino que, a pesar de querer hacer las cosas bien, puedo frustrarme.En la ilusión de la mayoría de nosotros está la imagen del paraíso, entendido como un lugar o un estado donde uno obtiene todo lo que necesita; dicho en otras palabras, un lugar donde la frustración no existe y podemos satisfacer todos nuestros deseos. Algunos tenemos la fantasía de que, si hacemos las cosas bien, si somos buenos y perfectos, no habrá frustraciones y todo nos saldrá bien.Otras veces, lo que tratamos de hacer es dar a nuestros hijos todo lo mejor, todo aquello que nosotros no tuvimos, para que no tengan que sufrir y frustrarse. O queremos poder controlarlo todo y estamos constantemente sufriendo por si pasa algo. Al final, no nos arriesgamos en nada.
Creemos que la frustración depende únicamente de lo que nosotros hagamos, cuando, en realidad, la vida misma es incontrolable. Es imposible que nos podamos escapar de la frustración. Y nadie puede hacerlo, aunque a veces nos lo parezca. El trabajo de intentar controlar la vida es precisamente lo que nos va a llevar a frustrarnos porque, sencillamente, no lo conseguiremos. Hasta es posible que caigamos en una situación de más exigencia y más esfuerzo para controlar o evitar inútilmente la frustración. Es así como muchas personas que intentan llevar una vida “perfecta” se encuentran que después de “tanto esfuerzo”, las cosas no resultaron para nada como lo habían planificado o como lo habían querido y sienten un gran vacío, una gran frustración, un sinsentido de la vida; sienten que la vida no les pagó bien por todo el esfuerzo realizado.
Pero, entonces, ¿qué podemos hacer? Un camino posible es aprender a aceptar la frustración, es decir, ver que, cuando las cosas no son como yo quiero, tampoco es tan grave. Si me rechazan, por ejemplo, puedo soportar que no les guste o no les caiga bien a todos, y el mundo no se acaba por ello.
Ojo: siempre recordemos que los extremos son negativos; no se trata de asumir un reto o estimular a alguien a enfrentarse a un proyecto a sabiendas de que el mismo va a fracasar, no se trata tampoco de evitar todo lo bueno o feliz que podamos hacerle a una persona.Cada uno tiene una manera diferente de intentar evitar la frustración ante la vida. Así, por ejemplo:
* Algunos no esperan a que les den las cosas, sino que las toman y obtienen así lo que quieren abusando de los demás.
* A otros, cuando les llega la frustración, la disfrazan, dicen que, en realidad, el proyecto que fracasó no es lo que quería o que era muy poco para ella.
* Otros dicen que, como las cosas son tan difíciles, ya no hay nada que hacer y no lo vuelven a intentar, no se arriesgan más y, en ocasiones, quedan eternamente frustrados.
* Otros están tan unidos con los deseos de los demás que no saben lo que desean y, por tanto, no se frustran.
* Y otros que no esperan nada y así tienen menos posibilidades de frustrarse.
Seguramente hay muchas otras maneras de intentar evitar la frustración. Aquí solo se trata de ejemplificar algunas. La verdad es que no podemos controlar lo que nos va a pasar.La propuesta es aprender a aceptar la frustración, dado que lo más común es que no conseguimos lo que queremos en el momento y en la forma que queremos.
Fuente: Adaptado del artículo de la Revista Mente Sana Nº 16
No hay comentarios:
Publicar un comentario