miércoles, 29 de agosto de 2012

Espíritu Ganador (segunda parte)

Después de algunas semanitas un poco turbulentas, vuelvo con lo prometido,  la segunda parte de la nota de la revista nueva CON ESPÍRITU GANADOR realizada por (Agustina Tanoira) así que como dicen alguno, lo prometido es deuda.
Para arrancar me gustaría hacer una breve introducción, no tirar la nota porque si, ni que sea un copiar y pegar solamente, como nos pasa a muchos de mi generación Y.
Comparto esta nota, no por el hecho de sentirme un GANADOR, sino porque comparto muchas de las opiniones y conclusiones, en lo personal creo que no se trata de ser un GANADOR aunque la sociedad nos marque los extremos, sino no sos nada. Para mi se trata de dar lo mejor cada día, apostar a mas a pesar de las caídas o las victorias, salgan bien o no las cosas, siempre dejar todo en la cancha, en el partido de la vida...Eso es lo importante, todo depende de como uno toma las situaciones, como reacciona ante los diferentes obstáculos o pruebas de la vida.



Espero que al igual que en mi caso, puedan sacar cosas positivas y tal vez porque no, sentirse identificados, o evaluar que cosas deberían cambiar o mejorar. Ahí les va!!!

Así como muchos deportistas no bajan los brazos hasta el último minuto del partido, también en la vida es posible tener un espíritu ganador para enfrentar las adversidades. ¿Cómo lograrlo?

¿Qué tienen en común Abraham Lincoln, Walt Disney, Beethoven y Rodin, además de haber pasado a la historia como consa­grados? Que no les fue fácil conseguirlo. Al primero le llevó veintiocho años y una concatenación de fracasos convertirse en uno de los más grandes presidentes de los Estados Unidos; el segundo enfrentó el rechazo de muchos editores de periódicos que le aseguraron que no tenía ningún ta­lento para el dibujo; el músico alemán fue un pésimo violinista y su profesor consi­deraba que no tenía futuro como compo­sitor; y el escultor francés fue descripto como el peor alumno de su escuela y fra­casó tres veces en su intento por ingresar a estudiar Bellas Artes.

Lo curioso es que ninguno, a pesar de las desilusiones, de la falta de confianza y las adversidades, se dio por vencido. No son los únicos; hay miles de historias similares y el deporte suele ofrecer un buen muestrario de esto. “Uno fue Björn Borg, ex número uno en te­nis; otro, Guillermo Vilas, que inventó ‘la gran Willy’, un golpe que sintetiza exacta­mente esto”, confirma Marcelo Roffé, pre­sidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina y máster en esta disci­plina en la Universidad Complutense de Madrid. “Pero también Messi, que luego del tratamiento para crecer y al superar esa ad­versidad quedó fortalecido, y Manu Ginóbili, a quien le decían que era muy flaquito pa­ra jugar al básquet”.

¿Es posible entrenar un espíritu optimista y ganador, y mante­nerse luchando aun cuando las adversi­dades parecen no dar tregua? En princi­pio, sí. Y en esto, los especialistas consul­tados coinciden en que, al igual que con los músculos del cuerpo, es importante entrenar las emociones para no sucumbir al primer intento. Lo demás es motiva­ción… y suerte.


Luchadores, ¿nacen o se hacen?


Sin duda, el carácter también importa, aunque no es solo una cuestión de carác¬ter. “ También la educación –o, mejor dicho, la falta de esta– en el valor de perseverar in¬cide y mucho”, explica el coach Enrique Navarro, y agrega que convertirse en un luchador requiere un cambio de paradig¬ma mental. Esto, que suena tan fácil, es en realidad bastante difícil si no se está acompañado de las personas correctas y en el medio adecuado.

Como Séneca, considera que “vivir es guerrear, es pelear” y que “frente a los avatares de la vida podemos optar por el lamento y la inculpación a terceros, o bien tomar las riendas de nuestra montura y decidir hacia dónde queremos dirigirnos”.

En la vida, los problemas y las crisis no pueden evitarse; lo importante es qué hacer con ellas. Carlos Alberto Sánchez, consultor, disertante sobre comunicación personal e interpersonal y creador de la terapia comunicacional, prefiere pensar que no existe eso de “darse por vencido”, sino simplemente que se trata de personas que carecen de objetivos motivadores para seguir luchando. “La mayoría de las personas que alcanzan el éxito -entendiendo este en el más amplio sentido de la palabra- lo hacen por la pasión que sienten: saben lo que quieren y hacen lo necesario para conseguirlo. Son personas muy motivadas”, manifiesta. Esto significa que tienen una fuerza interior que los impulsa a perseguir sus objetivos pese a todo. 


El partido de la vida


“El deporte enseña a hacerse fuerte
 frente a las adversidades, a transformar un traspié en una oportunidad, a aprovecharse de las situaciones adversas… todo remite a lo mismo”, agrega Roffé, autor de ocho libros acerca del tema. “El que no aprende a perder a edad temprana tampoco aprenderá a ganar. Muchas veces la gente común debe hacer terapia para desarrollar estas características que, en general, el deportista de elite ya posee”. Si no, cómo entender que ante una inminente derrota, el jugador siga compitiendo como si siempre tuviera la posibilidad de ganar.

Desde los deportes individualistas, como el tenis, hasta los de equipo, como el rugby, suelen ser una demostración magistral del espíritu de lucha. “Los profesores de Educación Física desde la escuela les enseñan a los niños que lo importante no es ganar sino competir. Y realmente esa es una gran verdad”, destaca la licenciada Fernanda de Alva, psicóloga del deporte. “Lo importante es tener un espíritu competitivo que permita sostener un desafío hasta el final. Así que el ser un ganador es solo una consecuencia de la primera instancia”. En definitiva, no se trata de querer ganar o ganar, porque esto puede crear un efecto contraproducente y frustrante.







“La historia del deporte está llena de jugadores que no llegaron a ser lo que podrían haber si­do por confundir: ‘ganar siempre’ con ‘ser un gran jugador’, sigue De Alva. “En el depor­te se necesita de esfuerzo, constancia y can­sancio físico y psíquico para poder aprender que ganar y perder son dos caras de la misma moneda”. Y seguramente algo más: ser positivo. Esto es, enfocarse en los objeti­vos y no en los obstáculos.


 Bueno gente, una vez mas espero que les haya servido el post, la nota en si, que puedan sacarle el jugo y recuerden siempre Si me caigo siete veces, entonces, me le­vanto ocho”. ¿Cómo lograr esta perseve­rancia y confianza? “Con trabajo en uno mismo. No existen fórmulas mágicas”
Saludos!!!

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