sábado, 15 de agosto de 2009

Momento de DECISION

Se toman a cada instante, las 24 horas del día, en los hogares, las escuelas, los trabajos, los gobiernos. En segundos, de las decisiones pueden sobrevenir las más grandes genialidades o los más rotundos desastres. ¿El cerebro nos previene de los errores? ¿Por qué los cometemos? ¿Qué papel cumplen las emociones? Para saber cómo llegar a una elección correcta, decídase a leer esta nota.

Un instante, una milésima de ­segundo. De eso se trata. Allí, más que “ser o no ser”, William Shakespeare debería haber impuesto el “decidir o no decidir”. El final de Romeo y Julieta, una de sus obras más aclamadas, es una prueba cabal del precepto. Al ­creer a su amada muerta, el protagonista toma veneno, convencido de que su vida ya no tiene sentido alguno. Si hubiese determinado lo contrario, el desenlace no habría sido tan fatal, pues habría descubierto que Julieta gozaba de perfecta salud y que su “muerte” era sólo parte de un plan pergeñado por el fraile Lorenzo y por ella.Para Shakespeare, las decisiones humanas son trágicas: pueden llevar a la gloria o al infierno en un abrir y cerrar de ojos. El hombre, sostiene el dramaturgo ­y ­poeta inglés, es responsable de sus actos y dueño de su propio destino. En la ­historia de la humanidad, existieron ­infinidad de decisiones, de esas que se definen en un santiamén, que devinieron, en disímiles ámbitos, en grandes ­genialidades, impactantes catástrofes o inéditas consecuencias. ¿Ejemplos que grafiquen estos tres puntos? A rabiar. El primero podría ser el de Alexander Fleming, cuando decidió no deshacerse de una placa contaminada que le dio pie para descubrir la penicilina. El segundo, alguno de los accidentes aéreos, de los cuales, en España y según la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC), la mayoría son por errores humanos. El tercero, el insólito caso de un jugador de fútbol que, en pleno Mundial, optó tan mal en una jugada suya que terminó en gol en contra. Por un lado, dejó a su equipo fuera de la competición, y por el otro, ese tanto le valió la vida, ya que, al regresar a su país, fue asesinado (el crimen fue vinculado con la mafia de las apuestas deportivas). “Las decisiones de la vida cotidiana nos parecen fáciles y sencillas, especialmente si las comparamos con decisiones abstractas, como calcular números primos o decidir cuál es el resultado de una ecuación diferencial. Sin embargo, las decisiones diarias, algunas simples (como elegir los productos del supermercado) y otras complejas (como decidir compartir la vida con una pareja), implican un alto grado de incertidumbre y requieren de un aprendizaje de hábitos sociales muy complejos”, explica el doctor Agustín Ibáñez, miembro del CONICET, director del ­Laboratorio de Psicología Experimental del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) e investigador afiliado del Center for Cognitive and Social Neuroscience, de la Universidad de Chicago (Estados Unidos). “Los humanos hacemos uso del sentido común, entendido éste como un conjunto de aprendizajes sociales que nos indican cómo comportarnos en determinadas situaciones. Al tomar decisiones, nos guiamos por claves emocionales que nos orientan, muchas veces, de forma totalmente inconsciente. Si no usáramos la información emocional (que nos habla de la relevancia de una decisión) y el sentido común (que nos ayuda a tomar decisiones de acuerdo con el contexto), la cantidad de información que nuestro cerebro debería evaluar resultaría excesivamente trabajosa y lenta, inadecuada para nuestra realidad cambiante. Por ello, el cerebro utiliza atajos o heurísticas en la toma de decisiones, con el fin de poder elegir adaptativamente la información saliente del conjunto de datos masivos que se nos presenta en una situación. Muchas ­veces, los errores se cometen cuando estos atajos resultan inadecuados”. En su libro ¿Por qué nos equivocamos?, el médico Luis Chiozza define que equivocarse es, en esencia, tomar una cosa o una vía por otra. El director del Centro Weizsaecker de Consulta Médica y presidente honorario del Instituto di Ricerca Psicosomatica-Psicoanalitica Arminda Aberastury (en Perugia, Italia) diferencia tres tipos de equivocaciones de importancia desigual: “Uno está constituido por los actos fallidos, en los cuales uno hace o dice algo distinto de lo que se proponía, porque, en efecto, está obedeciendo a otro propósito, que permanece inconsciente. El otro se trata de situaciones en las cuales, cuando ocurrieron, ‘no vimos’ el error que vemos hoy. Incurrimos en esas equivocaciones por haber procedido con ingenuidad, ligereza o negligencia, pero también es posible que lo que ahora llamamos error, en ese entonces fuera nuestra única posibilidad”. Para Chiozza, una tercera clase de error, el más trascendente, es aquel que nos conduce hacia un punto imprevisto que no deseábamos o hacia daños que serán irreparables (como cuando el conductor de un automóvil piensa que podría ­adelantarse al camión que obstruye su paso, pero no calcula bien y provoca un accidente). “Es casi imposible evaluar en toda su magnitud la importancia de­cisiva que suelen alcanzar este tipo de errores, que se parecen a los actos fallidos, pero que gravitan sobre la vida entera con un peso significativamente mayor. Su ­característica reside en que son el producto de un pensamiento mal construido. Ahora, ¿por qué se producen? Quizás la respuesta se encuentre en que en nuestro ánimo ­moran, con una importancia que estamos muy lejos de haber descubierto, cuatro ­gigantes que motivan nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros actos: la ­rivalidad, los celos, la ­envidia y la culpa. Los conocemos muy bien, pero no sospechamos siquiera la verdadera magnitud de la fuerza con la cual influencian nuestras vidas. Cuando nos damos cuenta de que hemos llegado a una instancia que no anhelábamos, somos víctimas incautas de nuestros propios motivos”, agrega el ­especialista.

Actor clave: el cerebro
Ya en el año 2003, en la revista española Mente y cerebro, se presentaban las primeras demostraciones que constataban que los errores de razonamiento tienen base cerebral. Es decir, que la activación de áreas cerebrales “inadecuadas” ocasiona errores. “Más que áreas cerebrales inadecuadas, sucede que, en algunos errores, ciertas estrategias de decisión no resultan adecuadas”, clarifica el concepto Ibáñez. “Ciertamente, estos procesos cognitivos y afectivos implican la activación de diferentes áreas cerebrales, pero no es la activación cerebral per se, sino el proceso cognitivo que la desencadena el que induce a error”. ¿Quiere decir esto que cuando se aprende a inhibir estas activaciones perturbadoras, se razona con lógica? “Existe un mito muy común: que las emociones y el sentido común son opuestos al razonamiento lógico –ahonda Ibáñez–. Este mito se funda en el supuesto de que las mejores decisiones se toman sobre la base de una lógica abstracta. No obstante, la mayoría de las veces, las emociones y el sentido común nos orientan en un mundo altamente cambiante, impredecible, que no se comporta como un sistema lógico en el que se pueda predecir la mejor decisión a partir de una estadística probabilística. Múltiples investigaciones evidencian que nuestra racionalidad es ecológica y contextual. Nuestra mente no es un sistema lógico-formal abstracto. Por el contrario, la mente y el cerebro dependen de la acción situada, corporizada y afectiva. Por ende, no se trata de desactivar las perturbaciones de las emociones, del contexto o del sentido común para evitar los errores, sino más bien, de tomar conciencia de cómo estos ‘atajos’ están operando automáticamente y de saber identificar en qué situaciones no debe tomárselos en cuenta”.Sin dudas, el cerebro es un mundo en sí mismo. Semejante afirmación la avala un estudio del Parque Científico de Barcelona que develó que el cerebro “oculta” información para evitar cometer errores, o los investigadores estadounidenses y alemanes que escanearon las ondas cerebrales de diversos individuos para concluir que una señal eléctrica en el cerebro ad­vierte cuando se está a pun­to de incurrir en un error. “En tareas simples de decisión, se activan áreas anteriores del cerebro (corteza cingulada anterior) en conjunto con ciertos neurotransmisores (dopamina), que funcionan como un proceso de aprendizaje contextual en función de los errores cometidos. Este monitoreo de los errores no es reflexivo y está presente antes de que seamos conscientes de la decisión que tomaremos instantes después. De esta forma, el cerebro aprende de los errores viejos y tiende a anticipar posibles situaciones en las que se pueden sortear nuevos traspiés”, completa Ibáñez.

La importancia de las emociones
*En el cerebro, hay varias regiones implicadas en lo que respecta a la toma de decisiones. En ese momento, es de vital importancia el entrecruzamiento entre la inteligencia racional y la emocional. ¿Por qué? Porque en nosotros, que somos animales –más allá de nuestra evolución–, las emociones resultan sensores de carencia o abundancia, de peligro o seguridad. En definitiva, las emociones son las que nos hacen tomar decisiones para sobrevivir.Lo que pasa es que como al ser humano se lo llama Homo sapiens, se piensa que sus determinaciones parten de la razón. Se cree que sólo el pensamiento –entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo aprendido y lo no aprendido– es lo importante. Y lo que debemos comprender es que no somos máquinas perfectas (por eso un piloto de avión puede incurrir en equivocaciones, aunque nos cueste asimilarlo), sino que, a veces, podemos inclinarnos por decisiones que no están tomadas desde la razón, sino que están íntimamente ligadas con el mundo de las emociones. Pensémoslo así: en una empresa, el gerente personifica a la razón, y el dueño, a la emoción. Ya sabemos a quién pertenece la última palabra. El error se produce cuando hay interferencias en los archivos que están guardados de forma oculta en nuestro sistema. ¿Hay manera de prevenirlos? Bueno, tenemos la intuición, que es cuando el cerebro genera mapas mentales con situaciones anteriores similares, lo que genera una especie de “alerta”. Ahora, en mi opinión, eso no previene un error. El “alerta” sucede, pero, tal vez, nos evita hacer algo que teníamos que hacer. ¿O siempre que suena la alarma de un auto es porque intentaron robarlo? Lo que sí podemos es “entrenarnos” para una fructífera toma de decisiones. ¿Cómo? A través de la psicoterapia o el coaching. Los empresarios son un buen ejemplo. En vez de estar todo el tiempo comunicándose con celular y haciendo, haciendo y haciendo, deberían dedicar dos días de su tiempo a pensar su empresa. PENSAR.Un último ejemplo relacionado con los errores y el inclinarse por la decisión más inteligente: el sistema inmunológico a la hora de defenderse de lo peligroso o extraño para el organismo. Este sistema elude la indefensión, ya que cada célula sabe qué hacer y hasta dónde, y lo hace. Pero también sabe lo que no puede hacer y emite señales químicas para reclutar a los demás elementos del sistema para trabajar en red y terminar el trabajo que empezó. Ser inteligente es saber qué cosas podemos hacer nosotros, y hacerlas. Y cuándo no podemos y necesitamos del otro. Y pedírselo. *Por Fabio Celnikier, psiquiatra, psicoterapeuta máster en Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE). Más info, en www.psicoterapiaintegra.com.ar y www.epigenetica.org

El templo de Delfos
“Los seres humanos insisten en tomar decisiones absurdas”, reflexionó en una reciente entrevista Christian Morel. El economista y sociólogo francés opina que el hombre no siempre razona deductiva y analíticamente. ¿Pero dónde pueden encontrarse las razones para que ello suceda? El ritmo frenético de la modernidad y la falta de atención, de concentración y de motivación son válidos argumentos. La ausencia de una actividad con sentido (físico o mental) pareciera predisponer negativamente al cerebro. En definitiva, ¿se pueden evitar los errores en pos de la decisión correcta? ¿Cómo? “Es fácil de enunciarlo, pero difícil de concretar”, adelanta Chiozza. “En el fondo, se trata del ‘conócete a ti mismo’, que ya estaba inscripto en el templo de Delfos. Pero, claro está, se trata de un conocimiento genuino, lo cual implica la honestidad y la valentía necesarias para mirar con autenticidad nuestros propios motivos, evitando retroceder frente a lo que nos desagrada o nos atemoriza”.Ibáñez es un convencido de que se puede trabajar para minimizar las equivocaciones. “En tareas altamente complejas, como manejar un avión, el entrenamiento con sistemas virtuales parece reducir considerablemente la ejecución de errores. En contextos de decisiones de alto riesgo, el manejo de la tensión emocional, así como el trabajo en equipo, ayudan a prevenir errores. Otro ejemplo es la vejez: el envejecimiento normal (y aún más el patológico) produce el deterioro de múltiples procesos cognitivos involucrados en la toma de decisiones. La prosecución de una mente activa, fruto del entrenamiento cognitivo, la psicoeducación, la estimulación y la rehabilitación cognitiva, ayuda notoriamente a prevenir errores”, finaliza el especialista.

Error y equivocación
Estas dos palabras, que suelen usarse como sinónimos, tienen sus pequeñas diferencias. Errar es andar sin un rumbo fijo (erráticamente, suele decirse). El vocablo equivocación se integra con el término vocación, que adquiere el sentido de ‘llamada’, y la preposición equi, que significa ‘igual’. En otras palabras, y simplificando un poco, la equivocación alude a una especie de “bifurcación” que se caracteriza porque frente a ella nos “da igual” elegir, porque ambos caminos nos llaman con idéntica fuerza. Lo contrario es lo inequívoco, porque allí no cabe duda de cuál es el curso que se debe seguir. Así que, en principio, la etimología nos señala que erramos o nos equivocamos porque carecemos de la certeza necesaria para alcanzar la meta por el camino adecuado.Por último, ¿se revierten los errores? A veces se puede, otras no; a veces, sólo en parte. Aquí nos referimos a los errores trascendentes, por lo tanto, el costo que se paga por ellos o por el intento (logrado o no) de revertirlos, suele ser muy alto, lo cual nos obliga casi siempre a enfrentarnos con un trabajo de duelo que no puede ser evitado.*Por Luis Chiozza, miembro del Comité Asesor del International Journal of Neuropsychoanalysis y del Comité Promotor de Seminarios del Instituto de Psicología de la Universidad de Milán

• Según un estudio internacional, una quinta parte de las empresas pierden un número altísimo de sus datos más confidenciales. ¿La razón? Los errores humanos, que representan el 75% de los incidentes en cuanto a extravío de información financiera y corporativa. A su vez, esto produce pérdidas en los ingresos, que rozan hasta el 10%

Para tomar la decisión correcta y reducir el margen de error•Tener en claro qué es lo que deseamos obtener.•Tener predisposición e impulso para lograrlo.•Dejar de lado los temores, las inseguridades, la falta de claridad y confianza. •Evitar el exceso de confianza.•Hacerle caso a la intuición.•Analizar distintas alternativas.•No atarse a nuestros pensamientos y acciones. Abrir la mente.•Comprobar que las decisiones que vamos a tomar están dentro de nuevos principios y valores.•Reevaluar la decisión.

¿Qué hubiera pasado si…… en el instante de tomar las decisiones, los protagonistas de estas anécdotas, de los ámbitos más diversos, hubiesen elegido otra opción? Seguramente, sus historias hubiesen sido diferentes. Pase y vea. *Carlos Thieriot, propietario del diario Chronicle, de San Francisco, rechazó una oferta del Washington Post para compartir una serie de artículos. “Esa historia no despertará ningún interés”, dijo Thieriot. ¿De qué se trataba? De una investigación llevada a cabo por un tal Bob Woodward y un tal Carl Bernstein (caso Watergate).*“Su propuesta es interesante, pero imposible de comercializar. ¿Qué uso puede darle esta compañía a un juguete eléctrico?”, le dijo William Orton, presidente de la Western Union, a quien le propuso venderle un invento llamado teléfono. *¿Acaso Adán y Eva no decidieron erróneamente al comerse la manzana del árbol de la sabiduría?*Dick Rowe, analista de nuevos talentos de Decca Records, en Londres, desestimó a cuatro jóvenes que intentaban dar sus primeros pasos en la música. A Rowe no le gustó el sonido de los muchachos y decidió no contratar a quienes, años después, triunfarían con el nombre de The Beatles. *La torre de Pisa es uno de los más grandes errores de decisión en el mundo de la arquitectura. Fue construida para que permaneciera en posición vertical, pero comenzó a inclinarse rápidamente. ¿Por qué? Porque sus cimientos sólo tienen tres metros de profundidad, cuando su altura es de 55 metros.*En 1970, la cerveza Schlitz había cedido el primer puesto a una competidora, que es una de las primeras marcas en la actualidad. Para recuperar el reinado, Robert Uihlein Jr., jefe de la empresa, decidió producir cerveza más barata (con productos de baja calidad) en menos tiempo. Al tiempo fundió.*Otra hubiese sido la suerte del Titanic si los responsables del viaje hubiesen hecho caso a los informes de avistamiento de bloques de hielo en la ruta. O si no hubiesen decidido aumentar la velocidad del transatlántico sólo para llegar a destino en tiempo récord (de haber ido más despacio, quizás hubiera podido eludir el iceberg que provocó el hundimiento).*El actor Bill Cosby le propuso a la ABC una serie de una familia negra y de clase media alta. “Los espectadores jamás lo aceptarían”, dijeron desde la cadena de televisión que luego vio el éxito de El show de Bill Cosby… por la NBC.

Investigacion realizada Por Mariano Petrucci

2 comentarios:

Ianchu dijo...

Estimado Colega:
Usted ha utilizado muy satisfactoriamente información sobre mis trabajos, y algunos de ustedes hasta videos de mis conferencias, y agradezco vuestra atención. Es un orgullo para quien les escribe.
Será muy agradable para mí establecer entonces un vínculo directo, si usted lo desea.
Mi humilde aporte a mejorar el flujo de la información.

www.epigenetica.org






Dr. Fabio Celnikier
Médico Especialista Universitario en Psiquiatría
Magister en PNIE
Psicoterapeuta Integrativo
Past President y Fundador de "Psicoterapias" de la AASM
Presidente de "Psicoterapia Integrativa" de la AASM
Miembro Directivo de la AASM
Miembro Directivo de FLAPNIE
Miembro Directivo de ALAPSI
Director de www.psicoterapiaintegra.com.ar
Director de www.epigenetica.org


fabiocelnikier@gmail.com

Libre albedrio dijo...

Estimado Dr:
En primer lugar es un honor para mi persona, recibir su aprobación por mi atrevimiento de transmitir y compartir esta información que considero de gran valor.
Espero poder enlazar un contacto.

Saludos atte.

Pablo